
Porqué unas sociedades son ricas y otras pobres?.Jared Diamont
(
1937) catedrático de biogeografía en la Universidad de California se vale de su
viejo oficio de observador de aves para buscar esas razones. Su reciente libro “Comparing Human Societies” ( 2016) dispara conclusiones que
parecen estar dibujado nuestro propio drama Paraguayo.
Cita las enormes
dificultades que han tenido para crecer las sociedades que no desarrollaron procesos
agrícolas. La agricultura es la actividad que constituyó la base exitosa
mediante la cual los pueblos se asentaron en un lugar, por asociación criaron
animales, generaron su cultura y produjeron lo que se puede llamar ideas de
destino colectivo, común.
Miles de años después de
estas experiencias muchos pueblos, como los guaraníes seguían sumidos en la
caza, pesca y la recolección de frutos en el marco de un impenitente
peregrinar.
Pero un dato sobre el que se
ha reflexionado poco y que también aporta el texto es la curiosa coincidencia
entre atraso e historias de explotación sobre pueblos indígenas.
En las regiones donde la
civilización europea desembarcó gestionando ella misma los procesos de agricultura
se produjeron avances significativos que la proyectaron como líderes mundiales ,
sin embargo en aquellas regiones donde instalaron ideas esclavizantes de
pueblos originarios con fines eminentemente extractivos, les fue ruinoso. A ello se agregue la norma
que en estos países, en general, se instalaron institucionalidades fallidas y
gobiernos corruptos sin solución de continuidad.
Esta misma razón es la que
produce esa conjunción oprobiosa entre diamantes, petróleo y miseria en países
africanos…y no tan solo del Africa, porque el ejemplo de Venezuela ( un país
que duerme sobre el mas prodigioso mar de petróleo del universo) es muy claro
para entender el mal camino de ese triduo infernal entre vivir de la
extracción, gestionar en corrupción y
zozobrar en institucionalidad al mismo tiempo.
En Paraguay tenemos una deuda
de desarrollo y la preeminencia de una gestión atávica e inconmovible.
Este atavismo vive en muchos campesinos que no supieron optimizar su
relación con el universo de la agricultura ( cultivos, crianza, cultura), en
muchos latifundistas que murieron sin servir a nadie y en muchas autoridades
locales que no supieron imponer la preeminencia del desarrollo rural por sobre
todos los planes.
Parecerá estúpido pero una de las carteras más
descuidadas en las Gobernaciones es la Agricultura. Pero aun peor, en los Municipios
siquiera existe un departamento de Agricultura pero en general sí uno de
“Deportes y turismo”
También parecerá estúpido
pero cuando se habla de políticas agrarias en el interior nunca se refiere a
las iniciativas de las Gobernaciones o Municipios sino a las del Gobierno Central. Como un enorme
simbolismo de cuán grande es la ausencia de iniciativa local, las regiones que
cultivan ( pequeñas y mediana agricultura) miran hacia Asunción ( que no
cultiva) para esperar que le digan que tienen que cultivar.(¡!)
El mercado, presente hace
miles de años sobre la faz de la tierra, sigue siendo una nave extraterrestre para muchos productores
medianos y pequeños (lo que explica que se culpe al Estado de los fracasos de
las cosechas) y la única educación en
economía agrícola que se gestiona es la proveída, si existe, por un desmotivado
extensionista rural.
¿Hay algo más peligroso que
aquel futuro que depende de un Estado que funciona mal?
Ante ello, hacer que el Estado
funcione es inteligente, pero no depender tanto de él puede ser aún más inteligente.-
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