martes, 5 de julio de 2016

La calculadora o el electrocardiógrafo

La respuesta de Pedro Alliana, Presidente de la ANR tratando de salvar al Presidente de un cuestionamiento sobre los “olvidos” del discurso fue genial; dijo “ y hay que preguntarle a los que le hicieron el discurso”.
Se sabe que en todo el mundo y en todas las épocas alguien o más de uno por Gobierno ha oficiado de speechwriter: redactor de discurso del Presidente. Generalmente escritores y en menor medida periodistas con mucha calidad para expresar y florecer ideas y transformar datos en poesía política se han ocupado de esto, y, por cierto, muy pocos fueron los Presidentes que escribieron personalmente sus discursos. Un líder de estado que escribía personalmente sus discursos era Churchill y otro, por citar, era Benedicto XVI

El que alcanzó niveles antológicos con sus anécdotas sobre discursos era César Gaviria de Colombia que en una ocasión se dirigió directamente a su speechwriter ubicado en la concurrencia y le dijo: “con su perdón” y cambió la idea del texto.
Las leyendas de presidencia hablan del inolvidable escritor Helio Vera como el autor de los discursos simultáneos de Argaña y Wasmosy, enredo que también quedará para la historia ya que ambos leyeron el mismo texto a la misma hora, siendo contrincantes. Eran las internas coloradas del 27 de diciembre de 1992.
Por cierto una parte de los discursos posteriores para JCW los redactó Miguel Angel Ramirez. Nicanor organizaba personalmente sus discursos, a veces con una mano de pintura de Anibal Saucedo Rodas.
Obama tiene hoy un reducido equipo de redactores encabezado por Cody Keenan y David Cámeron recurría a una joven de 31 años, catedrática de poesía, Clare Foges.
Pero en rigor y por razones de estética política estos personajes a cargo de tan importante misión en realidad “no existen”, porque no es políticamente aceptable que se retire del imaginario la ilusión que un Presidente redacte personalmente sus discursos.
En síntesis, el discurso del Presidente es una obra literaria que jamás tendrá la firma de sus autores porque esos autores no existen, el único que existe es el Presidente. Raisons de l'État que le llaman.
Todo esto viene en relación al discurso de Horacio Cartes, el viernes. Su actual opositor interno, Juan Carlos Galaverna reconoció que su discurso fue arrollador en datos. Y fue así, no hay dudas. Pero Cartes tiene un problema, sus discursos se basan en números y ellos en general son reales, pero así expresados suenan como muy administrativos y definitivamente no tiene un plus de sentimiento que hace que los discursos presidenciales lleguen al corazón de la gente. Por ello, paradójicamente, la parte más emocional del discurso del Presidente Cartes es siempre cuando él improvisa.
El error podría ser el confiar el discurso a la calculadora y no al electrocardiógrafo. La razón es muy sencilla: en todos los pueblos del mundo, el segmento de la población que podría detenerse a hacer cálculos comparativos es tremendamente reducido (porque no quiere, porque no puede o porque no tiene tiempo). Por lo tanto, un discurso de números será siempre un discurso para minorías
Un buen ejemplo de como un tecnócrata confía en la emoción es el Presidente Mauricio Macri quien pone a redactar sus discursos a Alejandro Rozitchner. Es un ingeniero como él?. No. Fue guionista de Gasalla, hizo cosas con el Flaco Spinetta, escribió un libro con Calamaro y ahora es el carpintero de los discursos del Presidente argentino.
Los números impactan pero, definitivamente, son las palabras las que emocionan.-
Augusto dos Santos
Diario La Nación, domingo 3 de Julio 2016





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