martes, 5 de julio de 2016

Las aves de Diamont


Porqué unas sociedades son ricas y otras pobres?.Jared Diamont  
( 1937) catedrático de biogeografía en la Universidad de California se vale de su viejo oficio de observador de aves para buscar esas razones. Su  reciente libro “Comparing Human Societies” ( 2016) dispara conclusiones que parecen estar dibujado nuestro propio drama Paraguayo. 


Cita las enormes dificultades que han tenido para crecer las sociedades que no desarrollaron procesos agrícolas. La agricultura es la actividad que constituyó la base exitosa mediante la cual los pueblos se asentaron en un lugar, por asociación criaron animales, generaron su cultura y produjeron lo que se puede llamar ideas de destino colectivo, común.
Miles de años después de estas experiencias muchos pueblos, como los guaraníes seguían sumidos en la caza, pesca y la recolección de frutos en el marco de un impenitente peregrinar.
Pero un dato sobre el que se ha reflexionado poco y que también aporta el texto es la curiosa coincidencia entre atraso e historias de explotación sobre pueblos indígenas.
En las regiones donde la civilización europea desembarcó gestionando ella misma los procesos de agricultura se produjeron avances significativos que la proyectaron como líderes mundiales , sin embargo en aquellas regiones donde instalaron ideas esclavizantes de pueblos originarios con fines eminentemente extractivos,  les fue ruinoso. A ello se agregue la norma que en estos países, en general, se instalaron institucionalidades fallidas y gobiernos corruptos sin solución de continuidad.
Esta misma razón es la que produce esa conjunción oprobiosa entre diamantes, petróleo y miseria en países africanos…y no tan solo del Africa, porque el ejemplo de Venezuela ( un país que duerme sobre el mas prodigioso mar de petróleo del universo) es muy claro para entender el mal camino de ese triduo infernal entre vivir de la extracción, gestionar en  corrupción y zozobrar en institucionalidad al mismo tiempo.
En Paraguay tenemos una deuda de desarrollo y la preeminencia de una gestión  atávica e inconmovible.
Este atavismo vive en  muchos campesinos que no supieron optimizar su relación con el universo de la agricultura ( cultivos, crianza, cultura), en muchos latifundistas que murieron sin servir a nadie y en muchas autoridades locales que no supieron imponer la preeminencia del desarrollo rural por sobre todos los planes.
Parecerá  estúpido pero una de las carteras más descuidadas en las Gobernaciones es la  Agricultura. Pero aun peor, en los Municipios siquiera existe un departamento de Agricultura pero en general sí uno de “Deportes y turismo”
También parecerá estúpido pero cuando se habla de políticas agrarias en el interior nunca se refiere a las iniciativas de las Gobernaciones o Municipios sino a  las del Gobierno Central. Como un enorme simbolismo de cuán grande es la ausencia de iniciativa local, las regiones que cultivan ( pequeñas y mediana agricultura) miran hacia Asunción ( que no cultiva) para esperar que le digan que tienen que cultivar.(¡!)
El mercado, presente hace miles de años sobre la faz de la tierra, sigue siendo una  nave extraterrestre para muchos productores medianos y pequeños (lo que explica que se culpe al Estado de los fracasos de las cosechas)  y la única educación en economía agrícola que se gestiona es la proveída, si existe, por un desmotivado extensionista rural.
¿Hay algo más peligroso que aquel futuro que depende de un Estado que funciona mal?
Ante ello, hacer que el Estado funcione es inteligente, pero no depender tanto de él puede ser aún más inteligente.-





Stroessner , Vic Morrow, Obama y Underwood

 


Entre 1962 y 1967 la cadena ABC produjo una legendaria serie: “Combat!” (Combate) protagonizada por Vic Morrow como el sargento "Chip" Saunders y Rick Jason como el teniente Gil Hanley. Desde que alguno de ellos decía “ ¡ andando!” hasta el final del capítulo transcurrían emocionantes historias vinculadas al paso de un pequeño pelotón yanqui tras  el desembarco de Normandía.



Una década después, el Canal 9 emitió la serie, o intentó hacerlo pero apenas puestos los primeros capítulos le surgió una opinión en contra ( y no cualquiera) : la del mismísimo Alfredo Stroessner  quien aún en el corazón de la guerra fría y siendo como era un consagrado gendarme del sentimiento anticomunista norteamericano se disgustaba ostensiblemente con una historia en la que sus compatriotas de sangre ( los Nazis) perdían todas las batallas. Peor aun, eran retratados como cobardes, desalmados e incapaces de tumbar un americano aun disparando con una bazuca a dos metros de distancia.
Ordenó que la serie de cancele sin dar más explicaciones,lo cual era lógico. Nadie pedía explicaciones a Stroessner.
Cincuenta años después, Obama, un Presidente Norteamericano que vino del Africa  paseó durante una semana por  la región - a pocos días de la semana Santa-  hablando en parábolas sobre como  reemplazar la política de la presión armada y el miedo por la seducción diplomática, con amigos y adversarios.
Primero se burló de la clase más conservadora norteamericana que pretendía acabar con Cuba desde la inanición y definitivamente no lo lograría, reemplazando el paradigma de cambio en la Isla: del fusil y el sueño de un desembarco victorioso, por el arma más poderosa de toda la historia, el cañón de los cañones: el comercio, el irresistible comercio. En cinco días logro más transformaciones que en cinco décadas.
“Este es mi pollo” es una frase que se utiliza en algunas regiones de Latinoamerica y simbolizaría el rioplatense “ este es mi ídolo”. Cualquiera de las dos expresiones transmitió el mismo Obama  ante el Presidente Argentino Mauricio Macri,  quien, a cien días de gestión, recibió un regalo ligeramente más grande que todos los portaviones de la clase Nimitz.
Pero obviamente Obama no se conformaría con la orgásmica alegría gubernamental Argentina. En rigor lo más importante de este gesto era transmitir al resto del Continente cual es el modelo de gestión y el estilo de liderazgo con el que la política de su país está extremadamente satisfecha.
Pero no nos limitemos a leer los dos eventos aislados. Nos privaríamos de lo mejor de la semiótica de esta gira, en tanto el mensaje holístico de Obama ha sido : “damos una mano a los hermanos agobiados por el comunismo y nos encanta cooperar con nuestros hermanos que prometen honrar nuestras ideas”
El cañón de la “generosidad estratégica” – dos días después de las visitas – aún humea su éxito.
Stroessner y su represión  a Vic Morrow y sus muchachos, Obama y su fascinación por House of Card son diferentes estilos de abordar la disidencia y con el correr de los días las secuelas de esta visita se harán más evidentes.

De alguna manera sirve para ver lo que para muchos es un escenario incómodo: las trincheras ya no existen, las dictaduras tampoco. La guerra fría es solo una burbuja con perfume a motel barato en el que adoran vivir con gabardinas de cuello alto y un diario de los sesenta  doblado bajo el brazo, los derechos e izquierdos que quedaron congelados en sus artes de separar a los buenos de los malos.-

La calculadora o el electrocardiógrafo

La respuesta de Pedro Alliana, Presidente de la ANR tratando de salvar al Presidente de un cuestionamiento sobre los “olvidos” del discurso fue genial; dijo “ y hay que preguntarle a los que le hicieron el discurso”.
Se sabe que en todo el mundo y en todas las épocas alguien o más de uno por Gobierno ha oficiado de speechwriter: redactor de discurso del Presidente. Generalmente escritores y en menor medida periodistas con mucha calidad para expresar y florecer ideas y transformar datos en poesía política se han ocupado de esto, y, por cierto, muy pocos fueron los Presidentes que escribieron personalmente sus discursos. Un líder de estado que escribía personalmente sus discursos era Churchill y otro, por citar, era Benedicto XVI

El que alcanzó niveles antológicos con sus anécdotas sobre discursos era César Gaviria de Colombia que en una ocasión se dirigió directamente a su speechwriter ubicado en la concurrencia y le dijo: “con su perdón” y cambió la idea del texto.
Las leyendas de presidencia hablan del inolvidable escritor Helio Vera como el autor de los discursos simultáneos de Argaña y Wasmosy, enredo que también quedará para la historia ya que ambos leyeron el mismo texto a la misma hora, siendo contrincantes. Eran las internas coloradas del 27 de diciembre de 1992.
Por cierto una parte de los discursos posteriores para JCW los redactó Miguel Angel Ramirez. Nicanor organizaba personalmente sus discursos, a veces con una mano de pintura de Anibal Saucedo Rodas.
Obama tiene hoy un reducido equipo de redactores encabezado por Cody Keenan y David Cámeron recurría a una joven de 31 años, catedrática de poesía, Clare Foges.
Pero en rigor y por razones de estética política estos personajes a cargo de tan importante misión en realidad “no existen”, porque no es políticamente aceptable que se retire del imaginario la ilusión que un Presidente redacte personalmente sus discursos.
En síntesis, el discurso del Presidente es una obra literaria que jamás tendrá la firma de sus autores porque esos autores no existen, el único que existe es el Presidente. Raisons de l'État que le llaman.
Todo esto viene en relación al discurso de Horacio Cartes, el viernes. Su actual opositor interno, Juan Carlos Galaverna reconoció que su discurso fue arrollador en datos. Y fue así, no hay dudas. Pero Cartes tiene un problema, sus discursos se basan en números y ellos en general son reales, pero así expresados suenan como muy administrativos y definitivamente no tiene un plus de sentimiento que hace que los discursos presidenciales lleguen al corazón de la gente. Por ello, paradójicamente, la parte más emocional del discurso del Presidente Cartes es siempre cuando él improvisa.
El error podría ser el confiar el discurso a la calculadora y no al electrocardiógrafo. La razón es muy sencilla: en todos los pueblos del mundo, el segmento de la población que podría detenerse a hacer cálculos comparativos es tremendamente reducido (porque no quiere, porque no puede o porque no tiene tiempo). Por lo tanto, un discurso de números será siempre un discurso para minorías
Un buen ejemplo de como un tecnócrata confía en la emoción es el Presidente Mauricio Macri quien pone a redactar sus discursos a Alejandro Rozitchner. Es un ingeniero como él?. No. Fue guionista de Gasalla, hizo cosas con el Flaco Spinetta, escribió un libro con Calamaro y ahora es el carpintero de los discursos del Presidente argentino.
Los números impactan pero, definitivamente, son las palabras las que emocionan.-
Augusto dos Santos
Diario La Nación, domingo 3 de Julio 2016